Entre la bruma del amanecer
todos corren hacia tí
con los ojos abiertos,
exhalando junto a su aliento,
el grito y la duda,
que rompen... la luz recién nacida.
En el camino quedan
suspiros y sollozos,
paisaje verde y silencioso,
de lo que eres...vida.
Se borraron tus huellas del hermoso barro,
tiempo inmortal y perfecto.
Hoy, sólo me quedan baldosas mugrientas
llenas de propósitos muertos,
mapa de la nada,
de lo podrido...
de lo viejo.
Tu cuerpo inmóvil
naufragando entre desiertas murallas blancas,
dejaba escapar el alma,
buscando en el hueco profundo de mis brazos
los restos del naufragio.
Mas allá de las horas y los días...quedaron tus huellas, azufre mío.
Dejaste al desnudo mi columna vertebral, ladrillo tras ladrillo.
Hoy, del verde al ocre, todos mis huesos evocan tu recuerdo,
sintiendo... lo que fué vivido.
El muro que se levantaba ante mi me parecía infranqueable,
no recuerdo ni por qué, ni como lo hice...
me incorporé, levanté la vista...
y me recibió el azul profundo del mar y el suave azul del cielo.
De no levantarme, nunca lo hubiese disfrutado.
Han pasado muchos días. He trabajado duro y he disfrutado como un niño. Vuelvo ahora a mi blog, con el decidido propósito de reflejarme a menudo.
Hoy me siento azul, veloz y ligero, empujado por la fuerza del niño que siempre llevo dentro.
A veces se mete algo inesperado en la playa de nuestra vida. Alguna de las canalizaciones nos ha fallado.Se hace necesario un trabajo de meses para volver a tener una arena limpia y suave para los que transitan por ella. Es lo que a mi me está pasando.
El misterioso colorido de tu cuerpo,
tus blanquinegros pies y desnudas manos,
el limón que no endulza el recuerdo,
y al fondo tu amarga imagen
sentada en la ventana de mi vida.